En un árido y mágico lugar, unos frailes franceses encontraron la «escalera del Edén» Escala Dei (siglo XIII). Con ellos se elaboró el ¡Vino del Señor!
En este mismo árido lugar, 800 años después, una francesita y un catalán encontraron el lugar de ensueño: MOGADOR: (1978) Isabelle et René. Un paso a dos entre la sensibilidad de la bailarina y el empeño de un trovador filósofo. Ella diseñando con arte de futuro, él, prensando el fruto del terruño!
El Priorat creció! En esta crianza, crecieron juntos Priorat y René, nuestro hijo. No es de extrañar su destreza y su magia para conseguir poco a poco este vino innovador y al mismo tiempo tradicional. ¡CLOS MOGADOR!
El vino que enciende la ilusión! Las semillas con el viento volaron y se esparcieron dando vida al viñedo con hermanos como Christian, vivero de flores y vides, Anderson y nietos presagiando generaciones de botellas de CLOS MOGADOR viajando por el mundo entero.
Situación


 
Google maps

Para información más detallada clicar sobre las áreasa
Mogador rojo, Manyetes verde, Nelin amarillo, Bodega lila



Google maps



Documento sin título






               

Mapa de Clos Mogador

Clic para más información: viñedos fauna biodiversidad instalaciones




Documento sin título






               


VITICULTURA Christian Barbier Meyer
 

Desde pequeño he sentido un vínculo emocional muy grande hacia la finca, pero hasta los 17 años no tomé la decisión de cuidarla. Cuando empecé, poco a poco me fui dando cuenta de que el método que se estaba utilizando no era el adecuado, se utilizaban productos no naturales y labras profundas, que provocaban varios efectos secundarios, dejando un suelo pobre y con escasa biodiversidad.

Es en ese momento cuando entendí que para que hubiera un ambiente productivo, la finca tenía que actuar de manera libre. Aquí es cuando empieza un largo camino de observación y formación.

Mi primera decisión fue dejar de utilizar por completo productos químicos y poco a poco fui cambiando la mirada, lo que era un desierto se fue convirtiendo en un pequeño oasis, favoreciendo la llegada de insectos, animales y microorganismos.

Para sustituir los productos químicos me entusiasmaba la idea de sembrar plantas para cuidar plantas, para ello empezamos a hacer maceraciones de cola de caballo, ortiga, valeriana… lo que aportaba un equilibrio natural sin perjudicar ni dañar la naturaleza y su fauna.

Aquí es donde las abejas empiezan a tener un papel muy importante en la finca, para ello tomé la decisión de poner colmenas y favorecer la polinización.

Además mi equipo y yo siempre nos hemos sentido muy comprometidos con la naturaleza, por eso decidimos quitar la mecanización evitando así la compactación del suelo y la contaminación, favoreciendo un vínculo más fuerte con la tierra.

Mi objetivo es encontrar un equilibrio entre el Priorat silvestre y el cultivo. Encontrar este equilibrio es una lucha de toda una vida. Pero después de muchos años empecé a ver las cosas de otra manera, y no solo yo, sino también las doce personas que están en el día a día a mi lado; sin su ayuda, nada de esto hubiera sido posible. Y es que poco a poco se puede construir un mundo mejor y más respetuoso con la naturaleza, porque al final las pequeñas acciones son las más grandes.
Terroir
 

Soy un obseso de la expresión del terroir. La identificación de un vino es la foto de donde ha nacido. Un enólogo que no vive sus viñas se transforma, automáticamente, en el peor enemigo del espíritu de un gran vino.

Personalmente vivo con mi viñedo y necesito su presencia. Los mimos necesarios, demasiado sol o no, si se encuentra bien o no, si huele de maravilla o no, si las hojas brillan, si los sarmientos están agradecidos, al final la uva te lo devuelve con creces.

El primer potencial de calidad, la poda, vivir dentro de este ser y explotar exponencialmente lo mejor de él, y darle salud, esto es la poda.

El entorno, la convivencia de especies adecuadas para su felicidad es la biodiversidad. Una viticultura alternada con olivos, árboles frutales como el melocotón de viña, cerezos, ciruelos, cualquier fruta de intereses complementarios. Hierbas aromáticas, vegetación que no sea depredador, todo para una floración de la viña la más enriquecida. Respecto a los insectos amigos como la abeja, de flor en flor, haciendo cada racimo un mundo de sabores y de olores. Allí está el potencial real para un gran vino.

El enólogo degusta sus bayas esperando la máxima expresión. Decide la recogida de cada racimo de uva mimando hasta el último detalle, respetando todos los gustos y aromas con sensibilidad y metodología.

Una fermentación respetuosa con levaduras autóctonas y maceraciones atentas al recuerdo de todo su pasado y descubar en el preciso momento del espíritu de la foto instantánea, transmitir y compartir algo del sitio de donde nació.

Un viaje único e irrepetible en cada caso.

Evidentemente la referencia del terroir en el vino debe expresarse con claridad. Es fácil hablar de variedades adaptadas a una geología y a un clima pero intervienen multitud de complementos. Actuar en este escenario es sublime. Un enólogo vinificando con cariño encontrará con el tiempo las diferencias a su favor. El ejemplo que me gusta, las garnachas. ¿En que se parecen una garnacha de Chateauneuf du Pape, del Priorat y de Rioja?. La variedad es la misma y el resultado muy diferente.

La adecuación de las diferencias será nuestra mejor recompensa. Cuando las consecuencias del terroir hacen de las variedades factores que enriquecen el estilo., entonces una puerta se abre entre el viticultor enólogo, la harmonía de la naturaleza y el placer de compartir el éxtasis de un gran vino.


en
en-US,en;q=0.5